La Asombrosa Historia de Mick Meany: Un Récord Macabro
En un relato que combina audacia y un toque macabro, la vida de Mick Meany nos lleva a los límites de lo que uno puede hacer por la fama. Este artículo explora cómo un irlandés, con el sueño de convertirse en campeón mundial de boxeo, se propuso un oscuro reto: mantenerse enterrado vivo en un ataúd por más de dos meses. Acompáñanos en esta historia fascinante que atrajo la atención mundial y reveló mucho sobre las ambiciones humanas.
Un Entierro Singular
El sacerdote que oficiaba el funeral de Mick Meany nunca había vivido una experiencia similar. “Esta es la primera vez que entierro a alguien que ya había sido enterrado antes”, comentó, rememorando momentos con la hija de Meany, Mary. En su libro, “¡No puedes comer rosas, Mary!” (2015), ella relata que su segundo entierro solo tuvo como testigo a un periodista local. Contrastando, el primer entierro, hace 35 años, atrajo a una gran multitud y cobertura internacional mientras él aún estaba vivo.
Este no fue un error médico típico de épocas pasadas, sino un evento planeado para captar la atención. Mick Meany no era un cualquiera; nació en Tipperary y se trasladó a Inglaterra en busca de nuevas oportunidades, con el sueño de convertirse en campeón de boxeo. Sin embargo, un accidente laboral le hizo cambiar de dirección y, bajo una serie de circunstancias insólitas, decidió emprender un reto que destacó por su peculiaridad.
Un Sueño Enterrado
Después de un accidente que lo dejó herido, Meany desarrolló la idea de superar el récord de permanencia bajo tierra. Este récord, ostentado por el estadounidense Digger O’Dell quien había pasado 45 días enterrado, se convirtió en su meta. Mientras la idea parecía descabellada, otros ya habían encontrado éxito en hazañas insólitas que llamaban la atención de la prensa.
Motivaciones de un Héroe Inusual
Las razones de Meany eran variadas: desde el deseo de llamar la atención hasta la posibilidad de hacer dinero. Sin educación superior ni habilidades notables, Meany vio en este desafío una oportunidad de cambiar su vida. “No tenía futuro en la vida real. Por eso, quería bajar y demostrar mi valía”, confesó. A través de esta proeza macabra, también quería hacer honor a su patria.
Preparativos para el Reto
Meany vivía en Kilburn, un barrio de Londres, donde disfrutaba de la compañía de otros irlandeses. En el pub “The Admiral Nelson”, se gestó la idea que cambiaría su vida. Michael “Butty” Sugrue, el dueño, se convirtió en su promotor, y así comenzó el camino hacia su extraordinario desafío.
Cuando la noticia se dio a conocer, la esposa de Meany, al escuchar el anuncio en la radio, supo instantáneamente que se trataba de él y se desmayó. Aunque su familia temía por su vida, Meany seguía adelante con su plan, decidido a demostrar su valentía y ambición.
El Gran Día
El 21 de febrero de 1968, una gran ceremonia se llevó a cabo. Meany, vestido con un pijama, entró en un ataúd diseñado especialmente para la ocasión. Antes de ser sellado, afirmó: “Esto lo hago por mi esposa y mi hija, y por el honor y la gloria de Irlanda”. La multitud lo acompañó en su camino al sepulcro, donde sería sepultado a 2.5 metros de profundidad.
Vida Subterránea
Una vez enterrado, Meany no estaba completamente solo. Contaba con tubos que le permitían respirar y comunicarse con el exterior, además de recibir alimentos y libros. A pesar de las penurias, mantuvo un sentido del humor, diciendo que “no era un hotel bajo tierra”. Su historia atrajo a curiosos y a la prensa, que siguió cada movimiento durante sus 61 días bajo tierra.
De la Gloria al Olvido
Finalmente, el 22 de abril, el ataúd fue desenterrado y Meany fue recibido como un héroe. Con la sonrisa en el rostro y gafas de sol, proclamó: “Estoy encantado de ser el campeón del mundo”. Aunque su hazaña fue extraordinaria, la fortuna que esperaba nunca llegó; los prometidos £100,000 y la gira mundial se desvanecieron, dejando a Meany sin el reconocimiento oficial que deseaba.
Ironías de la vida, meses después, otra persona superó su récord, dejándolo aún más relegado a un segundo plano en la historia. Sin embargo, su legado fue rescatado años más tarde gracias a un documental que celebró su hazaña, recordándonos que la ambición humana siempre encuentra formas de hacerse notar.
Conclusión
La sorprendente historia de Mick Meany nos muestra cómo el deseo de reconocimiento y fama puede llevar a las personas a realizar actos inesperados y extremos. Aunque su esfuerzo fue eclipsado por otros, la peculiaridad de su desafío y la atención que atrajo continúan resonando en la cultura popular.
- Meany se propuso batir el récord de estar enterrado vivo durante más de 45 días.
- Su historia atrajo la atención mundial y se convirtió en un espectáculo mediático.
- A pesar de sus logros, nunca recibió la recompensa económica ni el reconocimiento oficial que esperaba.
- Más de 20 años después, se hizo un documental que revive su extraordinaria proeza.

